Luego de un paseo intenso por el campo de los sentimientos vuelvo a los rieles originales de este periplo.
Sábado 20 de Agosto del 2005. Entramos a Villa la Angostura. Por supuesto que llovía. Carola di Bianco desfilaba por las góndolas de La Anónima y nosotros llenábamos el carrito con Blem en vez de Gatorade. El frio y el aguacero no nos intimidó un pelo y después del súper nos fuimos por algunos recuerdos.
Sábado 20 de Agosto del 2005. Entramos a Villa la Angostura. Por supuesto que llovía. Carola di Bianco desfilaba por las góndolas de La Anónima y nosotros llenábamos el carrito con Blem en vez de Gatorade. El frio y el aguacero no nos intimidó un pelo y después del súper nos fuimos por algunos recuerdos.


Domingo 21 de Agosto del 2005. Despertamos en Villa la Angostura. Por supuesto que llovía. Salimos para el Correntoso. Llegamos justo. El reloj estaba en 00:00:00. Nos deseamos suerte con un fuerte abrazo, y a correr.

La primera parte dejaba correr. Calles anchas, subidas tímidas y mucho barro se intercalaban en los primeros 10 km. Luego la calle se achicó, desapareció. Y empezó lo lindo ( o lo feo ). Los senderos que nos llevaban cuesta arriba eran apasionantes. Arboles frondosos y altos nos cubrían de la lluvia que insistía. Charcos, troncos, y algunas goteras por donde la lluvia lograba filtrar sus lágrimas, era el decorado que impregnaba las retinas y los pulmones de vida.
Tanto subimos que llegamos a nieve virgen. Algunos resbalones que no eran caídas ( y otros que sí ) nos esperaban con ganas. Una nube que estaba abierta nos dejó pasar. El interruptor que apagaba la lluvia estaba en corto. Dejamos la nube y nos fuimos para abajo. Salí del bosque derrapando. Se me cruzó un refugio. Lo dejé atrás de un salto. Algunos resbalones eran caídas ( y otros ya eran terribles porrazos ).
Un mantel infinito de nieve se acomodó en el camino. La velocidad se mezclaba con vértigo y la adrenalina brotaba a borbotones. Las piernas pedían cambio y las rodadas eran cada vez mas frecuentes. La avalancha de remeras naranjas desembocaba en la base del Bayo. El público aplaudía las mejores caídas. Aunque me llevé varios aplausos, el pibe que corría adelante robó. No pudo frenar y quedó enredado en el tejido. Le contaron 10. 10 mas. Ya estaban llegando a 30 y se paró tambaleando. Del rincón tiraron la toalla y se terminó.






2 comentarios:
Hola Pablo!!!
Hermoso relato como siempre... y de esos que te roban una risa en cada párrafo..!
Che, la conferencia de prensa... sin mi, no era super top jajaja
Besos!
Flor
Hola! Qué linda experiencia! No siempre llueve en La Villa, a veces también nieva jejeje!
besos
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