Octubre. 2005. Otro K42.
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Desde la punta del cerro Bayo venía bajando como soplete y en el suspiro decía : La gran siete !!! Qué lo parió !!! … Cuánta hermosura !!! Ni Da Vinci con sobredosis de paco se hubiera inspirado para pintar semejante paisaje. No tuve mas remedio que parar y llevarme cada detalle. Aproveché un remanso, apagué el motor y me quedé contemplando la vida que se había amontonado frente a mi respiración mucho mas que bastante cansada. Una guarda imponente de cordillera atravesaba el cuadro de lado a lado dejando un par de lagos desordenados abajo. Y arriba, el firmamento manchado con algunas nubes atrasadas que ya se iban. Si se imaginaron un cuadro hermoso, multiplíquenlo por 100.
Mientras mis ojos seguían grabando cada rinconcito del paraíso y mis oídos escuchaban el Bolero de Ravel, mis piernas imploraban salir del infierno. El Bayo, cansado de verme parado como un pavote allá arriba, me pegó un empujón. Y sin tablas ni raquetas seguí bajando como soplete por un campo minado de nieve virgen. Cuando menos lo esperé una pierna se enterró hasta la rodilla y los reflejos se encargaron del resto. Bastante mojado me despedí del Sol y me interné en el bosque. La bajada de Fonseca estaba mas enojada que nunca. No había manera de frenar, y los árboles se cruzaban sin cambio de luces. Uno me tocó atrás. Era para roja directa. Otro me esperó de frente. Estaba entrando al área y no dudé en tirarme. De panza caí sobre la naturaleza mientras el arbitro, un parcial de aquellos, dejó seguir.
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El Puente de madera nos esperó en la entrada. El pescador todavía peleaba con una marrón. La retina de la cámara del Fabi nos capturó llegando maltrechos a la Villa. Algunas bocinas y gritos de aliento reconfortaron la moral que venía desmoralizada. El arco nos pasó por arriba y el pecho se agrandó como tortuga con patines. Los últimos rayos de la tarde daban de lleno en la medalla que brillaba orgullosa como un Sol. La ducha estuvo caliente y los masajes fantásticos. Le entramos a una hamburguesa marca cañón y a una manada de calmantes que no sabían por donde empezar. Nos despedimos del Chaquito Querido y con el baúl lleno de calambres encaramos el viaje de vuelta.
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Mas contentos que cansados llegamos a casa. De entre los calambres y el olor a tercer tiempo rescaté una experiencia mas que guardo celoso junto al resto, en el cajón, donde también tengo el mes de Abril, y mi corazón.
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1 comentario:
Muy bueno Giotto!!...
igual, me engañaste... en el mail decia K42 2008 jajajajaja
besos!!!
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